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miércoles, 8 de mayo de 2013

Verso y Prosa en Madrid. Presentación del libro "Wersículos. Poemas para el WC", de Julio Santiago.






Verso y Prosa en Madrid
WERSÍCULOS
Poemas para el WC
de
JULIO  SANTIAGO
Presentación del libro

( CON LA PARTICIPACIÓN  DE
Luis Daniel Pino, Alicia Arés
Rafael C. Montesinos
Marisa Babiano, Miguel Losada
y el autor )

Viernes, 17 de mayo 2013
20  horas
ESPACIO  REINA 37
C/ Reina, 37 / Bajo D
Metro: Banco de España




















   Si de poesía se trata en Madrid, quien no sepa de Julio Santiago es que va mal de cómputo silábico y de verso en general. Al que esto escribe y se comunica por medio del blog de Metolcuatro, pocas cosas le quedan por añadir sobre la poesía y figura de Julio Santiago.





Julio  Santiago.
Foto:  Mayte Pañeda










   Poco que añadir. Por eso, me remito a lo que dejé por escrito en el prólogo del estupendo, rompedor y WC-total que es el libro de Wersículos. Poemas para el WC:

        “Conocí hace unos años a un joven poeta que no paraba de mandarme misivas para sus múltiples y acervados recitales, en los que incluía música e imagen por doquier. Un joven poeta que me compró cierta foto de una de mis exóticas modelos en joven carne mortal. Un joven poeta que ya despuntaba por su originalidad y desparpajo poético-escatológico. Un joven poeta que huía a toda leche del intimismo, de la autocontemplación ombliguera y del mundo tristón de los poetas al uso, jóvenes y no tanto. Todo esto allá por la última década del pasado siglo, que ya es decir. Y ese joven poeta, generoso en conducta y verso, no es otro que el inigualable y gloriafuertano Julio Santiago, que llegó a Madrid desde Miajadas, bonito y tomatero pueblo extremeño, para poner un poco de humor y breve poesía al tantas veces fosilizado panorama lírico madrileño”.

   Digo algo más en dicho prólogo, pero mejor será acabar con algún poema de Julio Santiago que nos regala en el estupendo libro de Wersículos, libro imprescindible para desintoxicarse de tanta lírica del “qué triste estoy, que feo es el mundo, que poesía más deprimente y qué etcétera más plasta”.



El

ojo

del

culo

llora

de

pene.


***


Los

amantes

para

la

pareja

son

como

los

hijos

bastardos

para

la

monarquía.

¡Imprescindibles!






Julio  Santiago.
Foto:  Mayte Pañeda








 Así que el que necesite limpiarse el alma (y el cuerpo) con laxante-sex conveniente no puede perderse la presentación de Wersículos el viernes 17 de mayo-2013, en ESPACIO REINA 37.









lunes, 17 de septiembre de 2012

Flappers y Filósofos. Bellezas en el Ático. "Los Conjurados", colección de poesía.







FLAPPERS   Y   FILÓSOFOS
(Celebración de la Conjura)

BELLEZAS  EN  EL ÁTICO

Los  Conjurados
Colección  de  poesía


Viernes, 21 de septiembre – 20 horas
ÁTICO  TERRAZA
C/ Princesa, 24, 6º izquierda
MADRID
****

O R G A N I Z A N

PROMODELIA
Comunicación,
imagen  y  moda

LOS  CONJURADOS
Colección de poesía
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Fotografía
Mario Testino






INTERVENDRÁN: Isabel Bono, José Ignacio Serra, Beatriz Russo, María Antonia Ortega, Miguel Losada, Ana Rossetti, Rafael-José Díaz, Beatriz Hernanz, Javier Lostalé, Jesús Javier Lázaro, Miguel Montesinos Pañeda, Almudena Urbina, Fermín Higuera, José Cereijo, Juan Antonio Marín, Fernando G. Tzalek, Jesús Urceloy, Roberto Loya  y  Alberto Escarpa.

MAESTRO  DE  CEREMONIAS: Ángel Rodríguez Abad






    Juan José Martín Ramos es un auténtico milagro lírico-editorial. Y cual personaje de cuento bueno, ha logrado reunir en su colección de poesía Los Conjurados una selección de poetas, y otros practicantes de lo lírico, de una calidad y novedad inigualables.

   Por ello, si el lector curioso desea saber sobre poesía española actual, que consulte el catálogo de Los Conjurados… y no perderse esta fiesta del viernes 21 de septiembre: Bellezas en el Ático.

Para mayor información






Fotografía
József Pécsi






ESCAPARATE

    El mundo lo ves a través de un cristal lleno de gotas de lluvia. La gente que pasa por la calle te mira con curiosidad, con asco, con indiferencia. Algunos apoyan el aliento en el cristal, otros las manos peladas por el frío, por el hambre, por el tiempo. Tú, con la mirada fija en la parada de autobús, sueñas con escapar de esta cárcel sin rejas. Vistes con blusas que jamás desearías tener, con pantalones que nunca podrás comprar.

   Por las noches, cuando las luces de la tienda se apagan, abandonas tu quietud y por fin puedes descansar. Dejas el escaparate y te tumbas en el sillón más cercano. Sueñas con poder comer,  hablar, llorar. Pero no tienes hambre para comer pan, ni lengua para hablar, ni lágrimas que derramar. Sientes que tu cuerpo, de dimensiones perfectas, es inútil porque jamás nadie lo tocará, lo deseará. Cuando las luces de la tienda se vuelven a encender, regresas a la quietud del escaparate.

  Un día la tienda cerró por la crisis y te abandonaron en un escaparate sin espectadores. Ya no podías ver las manos de la gente, la parada de autobús, las gotas de lluvia. Finalmente, las luces se apagaron y tú conseguiste la libertad.

   Al salir de la tienda, besaste a chicos guapos, viajaste en avión, lloraste por amor. Fuiste a restaurantes caros, a habitaciones por horas, a peluquerías con peines de platino. Sentiste las manos sobre tu piel, el aliento sobre tu cara, la lluvia sobre tus ojos. Sin embargo, seguías mirando las paradas de autobuses. Las miradas de la gente seguían siendo de curiosidad, de asco, de indiferencia.

   Empezaste a trabajar de dependienta en una tienda. Un día al cerrar, te quedaste mirando a los maniquíes del escaparate. Añorabas sus miradas verdes, sus poses de indiferencia. Los días  mirando al vacío, las noches soñando con tener hambre.

   Con decisión, cogiste el mejor vestido de la tienda, apagaste la luz y te volviste a convertir en uno de ellos.


                                    Miguel Montesinos Pañeda








lunes, 8 de agosto de 2011

ACCIÓN DODÓ-DADÁ. NARRACIÓN. Rafa Montesinos








ACCIÓN DODÓ-DADÁ
Narración

Rafa  Montesinos

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Textos leídos
 el
miércoles 18 de mayo, 2011
19, 30 horas

CAFÉ  LIBERTAD 8
C/ Libertad 8
Metros Chueca y Banco de España

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Tercera  y última entrega



 Rafa Montesinos: FotoPiedra emulsionada







EL CALENDARIO  DE  JULIA


                                                         I
  Enero es mes triste aunque existan las rebajas y la Puerta del Sol sea boca de demasiados dientes, de personas que perdieron nombre y memoria en el sueño del ocio y el dinero.

   Julia no está triste, tal vez ausente e hipnotizada por un jersey y una falda que la reclaman desde el brillo de tela roja. Se prueba el conjunto dos, tres veces para que el espejo, hoy amable animal,  devuelva la imagen de su pequeño cuerpo, tal vez deseable. La Navidad no la ha engordado; aún resiste. Paga. Recoge el tique.

   Llega a la Gran Vía. Gran tienda de ropa interior donde hubo películas y oscuridad. Se prueba unas bragas. Le quedan de cine, del cine de entonces. Imagina que otras manos, otra boca, le pueden bajar, poco a poco, las bragas.




                                                          II

   Las cartas personales ya no habitan los buzones. Fueron devoradas por las proclamas bancarias, por la propaganda de pisos ideales, de comidas a domicilio. Ahora las palabras viajan por Internet. Pero como febrero es un mes muy rarito, ha llegado al buzón de Julia una carta de las antiguas: "Querida Julia. El tres de marzo estaré en el Café de Libertad 8, contando cuentos con el grupo Historias de mi pueblo. Espero verte. Un beso de tu antigua amiga, Berta".





 Rafa Montesinos: FotoPiedra emulsionada







                                                        III
    Julia estrenó el tres de marzo las bragas de las Rebajas de Enero  para oír los cuentos de Berta. Llegó sola y permaneció sola en Libertad 8 a la espera del reencuentro. Pero la vieja amiga no aparecía. Ensimismada, recordó al poeta viejo y triste que fue a leer a su colegio. De esto, casi treinta años, cuando existía Berta, la niña sabia, la primera de la clase para lo bueno y lo malo.

   Los cuentacuentos peroraron sobre dragones, enanos, princesas, ogros, brujas, ministros, banqueros, abuelitas, seres perplejos y un tanto acartonados. Julia escuchó incluso la historia de una jubilada con tetas de silicona, amiga del señor de los calzoncillos.

   Sin embargo, Berta no aparecería, pues algo imprevisto le había sucedido, según contó un cuentacuentos desdentado y con chalequillo a rayas. Y Julia se sintió, como de costumbre, sola y más sola, hasta que las bragas mágicas ejercieron su poder y la condujeron al conocimiento de un atractivo hombre, masculinamente encantador.




                                                        IV
   La primavera es un timo y casi nadie se atreve a proclamarlo. En las ciudades la alergia nos llena las narices de mocos y estornudos. También lloramos.

  A veces abril se disfraza de mayo. A veces suena el teléfono. Es un hombre, el príncipe de cazadora de cuero que Julia conoció en Libertad 8 y con el que ha quedado en mortal y renacido cuerpo. Nada de Internet. Demasiados fantasmas electrónicos para añadir uno más. A la antigua. A las bravas. Voz y cuerpo de hombre. Olor a colonia de hombre, a piel de hombre, a tío bestia y suave, mayúsculo, con la polla bien dura a pesar del condón, en una cama desconocida con un hombre desconocido que la sujeta, que la arremete, que le quitas las bragas mágicas para que ella, Julia sea aún más Julia, y las horas sean horas y horas fornicando en la digestión de una película porno, pero de verdad y en sudor masticado.

   A veces mayo se disfraza de abril. Y hace frío cuando suena el teléfono. Es él. Hay que ponerse las bragas mágicas y quedar en una cafetería del centro. Pero aparece acompañado de una mujer, a la que presenta como a su mujer. Ya no es el mismo hombre, aunque mastique chicle y proponga acabar en la cama de abril, esta vez en trío.

    Julia no dijo una palabra pero lo escuchó todo. La mujer del hombre rudo y suave le cogió la mano. Julia se revolvió y su café con leche, enterito, inundó la mesa. Entonces dijo un  lánguido y angustioso “ya quedaremos otro día” y se fue.

   Julia, al llegar a su casa de mujer en proceso de divorcio y sin hijos, se desnudó y puso en lejía las bragas mágicas, pues estaba claro que la primavera era un timo, aunque casi nadie se atreviera a decirlo.




 





 Grabado anónimo, finales del siglo XIX








                                            SEGUNDA  PARTE



                                               V
   Junio: mes del juicio escolar, de las promesas vacacionales, de la organización de viajes, del comienzo del calor agobiante. Un trabajo funcionarial de ocho de la mañana a tres de la tarde no lo era todo para Julia. Cosa estable, sí; ¿y el resto? ¿Salir con las amigas de compras o de museos? ¿Visitar a una madre que la desconoce? ¿Pasear y ver turistas? ¿Ir al cine con los sobrinos?

   Hacía muchos años que no estudiaba, que no vivía cosas nuevas. Hizo un curso de alfarería, que abandonó a la semana; otro de yoga y meditación, del que huyó a la segunda clase; se compró un perro, que a los dos días devolvió a la tienda; se sacó un abono semanal para el Parque de Atracciones, que acabó regalando a sus sobrinos; se puso a correr por todos los parques y jardines de la ciudad. Y sin darse cuenta, vio esfumarse el tiempo, el calor, las vacaciones, julio y agosto.

   Al llegar septiembre, hizo balance. Nada de nada, si exceptuamos que en las rebajas de julio se compró en la misma tienda de enero unas bragas rosas, atrayentes y en espera.




                                               VI
   Tiene octubre algo de muerte y renacimiento, de amarillo en atardeceres suaves, en el sexo paciente y sin arrebato. Tiene octubre algo de refugio, de niña que vuelve, de Julia que piensa y ríe hasta vaciar de importancia las cosas.

   Fue octubre para Julia mes de mucha lectura. Novelas, poemas, revistas de cocina, proclamas por Internet. También música clásica y antiguas películas. Qué mejor cosa que vivir la experiencia ajena cuando se está en espera o muerte. Ver que nadie se preocupa por ella y no entristecer, sino disfrutar  de paz profunda y pasota. Ver que el mundo está bien hecho en su absurda deformidad.

   Pero a finales de octubre llegó una carta de Berta: “Perdona por el plantón que te di en marzo. Esta vez sí que estaré en Libertad 8 contando cuentos el siete de noviembre. Espero verte. Te quiere, Berta.”






 Rafa Montesinos: FotoPiedra emulsionada




 Rafa Montesinos: FotoPiedra emulsionada






                                                         VII               
                           
   Noviembre es el mes de los muertos. Es conveniente olvidar la calle, refugiarse gustosamente en los interiores públicos.

 Berta fumaba a la puerta de Libertad 8. Estaba como en el lejano  entonces: alta, fuerte, segura de vivir. Besarla supuso para Julia plantarse al instante en plena juventud; ser casi tan joven como el lejano entonces de amigas próximas.

   Fue molesto aguantar la historieta del cuentacuentos desdentado y con el chalequillo a rayas: una abuelita, un nieto travieso y preguntón, un burro que hablaba como Aristóteles; una cosa larga, pesada, inexistente. Por fin salió Berta. Su cuento iba de dos amigas que se reencuentran, que, a pesar de la apisonadora de la vida, siguen viviendo en ese mundo improbable en el que no existe el tiempo. Inmortalidad y amor. Pobre Julia. Se le saltaron las lágrimas. Deseó subir al pequeño escenario de Libertad 8 para abrazarse a Berta.

   Tras el fin de la sesión cuentacuentera, Berta agarró de la mano a Julia y le fue presentando a sus diversos amigos. Y, horror, entre ellos estaban el hombre rudo y suave, y su mujer: “Son Antonio y Lucía, unos amigos… Ella es Julia, mi mejor amiga de juventud”.



                                               VII y final

  Diciembre es un mes aún más triste que enero y, sobre todo, más peligroso. Las estadísticas cuentan que se incrementa el índice de accidentes de tráfico, de suicidios, de asesinatos, de locuras un poco antes y durante la Navidad.

   Hay demasiada luminaria en las calles, gorritos de Papá Noel, música a todo trapo de villancicos que nadie ya cantará. Los contribuyentes quieren asistir a cenas y fracasos con compañeros laborales, con amistades imprecisas,  con familia en reuniones peligrosas. Y todo porque así lo ordena el calendario, porque en Navidad no existe el libre albedrío, porque Julia está harta de ser la Julia de siempre y cuando llega a casa se prueba todas las tardes las bragas rosas que se compró en las rebajas de julio.

   Y sucedió el 28 de diciembre, aunque no fue precisamente una broma. Carta de Berta en el buzón: “Te invito a la Fiesta de Nochevieja en mi casa. Lleva algo de beber si quieres”. Inmediatamente, Julia preparó las bragas rosa.

   Qué casa tan grande y bonita tenía Berta. Una terraza-invernadero desde la que contemplar el parque de El Retiro. Cava del bueno. Drogas elegantes. Asistentes distinguidos. Música para bailar con desenfreno y olvido. Era como en las películas lujosas, en las que pecar y perderse es una obligación placentera.

   Allí estaban el hombre rudo y suave, y su mujer, que buscaron a Julia aprovechando su borrachera. Se dejó hacer. Bailó con los dos. Y en el momento más caliente dijo: “No. Año Nuevo, pecados nuevos”.

   Salió hasta la terraza-invernadero. En el horizonte iluminado y ruidoso, se vio así misma niña que desea que el final feliz del cuento se cumpla punto por punto, sabiendo que la realidad material y la ficticia está separadas por un muro impenetrable.

   Imaginar era suficiente, mientras la gente se iba despidiendo y el amanecer esperaba para un chocolate con churros. Entonces, sucedió. Había un túnel en el muro; no era impenetrable.

    El cuarto de Berta, elegante y amplio; la cama, más. Un auténtico placer estar tendida, sentir la respiración de su amiga en el cuello y oírla decir: “Me gustan tus bragas. Tienen un rosa precioso”.

   Indudablemente es una tontería decir que el tiempo no regresa y que enero es un mes triste.

                                             Feliz año.





Rafa Montesinos: FotoPiedra emulsionada





Grabado anónimo, finales del siglo XIX

Rafa Montesinos: FotoPiedra emulsionada

sábado, 30 de julio de 2011

ACCIÓN DODÓ_DADÁ. NARRACIÓN. Daniel Bolado y Ana Mª Cuervo de los Santos.



ACCIÓN DODÓ-DADÁ
Narración

Ana Mª Cuervo de los Santos
y
Daniel Bolado

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Textos leídos
 el
Miércoles 18 de mayo, 2011
19, 30 horas

CAFÉ  LIBERTAD 8
C/ Libertad 8
Metros Chueca y Banco de España

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Segunda entrega







Grabado Siglo XVII







LOS GEMELOS DÜLFER
De Dülfer el alpinista, se decía que no escalaba, sino que acariciaba la roca. Acoplaba el tacto a sus formas caprichosas hasta encontrar los resquicios más ocultos y hondos en la cumbre, ahí donde todo desaparecía y comenzaba lo que no se podía escalar.


El hermano gemelo de Dülfer vivió en una barca desde los catorce años. Fue el barquero que permitía cruzar el río de su aldea. Transportó con el cura todos los bloques de piedra de la iglesia, pero jamás entró en ella. De él decían que tenía ojos de pez y que le daba lo mismo una orilla que otra. A los que abordaban su mundo les soltaba: “Aquí, hace mucho que los puentes sólo sirven en los sueños, usarlos de verdad parece más cosa de animales que de humanos. Es una pena, ya no hay abrazos ni reencuentros en tierra de nadie”.




 Fotografía anónima








LA VENTANA OCULTA

      En una isla remota, hay una vieja que no hace otra cosa en el día que abrir milímetro a milímetro su ventana hasta que llega la noche y comienza a cerrarla poquito a poco esperando el amanecer.
  Se parece al ciempiés, que hace siempre cien veces lo más sencillo, como dar un paso.
   
                                                      Daniel Bolado
                                                        

Pintura de Brueghel El Viejo



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EL HUEVO DE AVESTRUZ

La señora de la mano vendada llevaba en la opuesta un plumero. Las puntas de sus zapatos se habían aplastado por el peso de la luna. Colocada detrás de algún paseante que había salido de su casa para comprar luz de lluvia con la que sazonar el cocido, le limpiaba la caspa de los hombros. Algún paseante se daba cuenta de que le limpiaban la caspa de los hombros porque indefectiblemente percibía el silencio de las plumas de avestruz al sacudirse. Algún paseante se sentía tan agradecido que solicitaba amistad a la señora de la mano vendada, que nunca ignoraba a nadie. Siempre les regalaba como agradecimiento a su petición un rollo de papel para las paredes con caballitos de mar. Así sucedió con el señor Pérez que llevaba hilos en los bolsillos para atar a las mariposas y prenderlas en el ojal. El señor Pérez era alérgico al sol y se cubría con una sombrilla que compró en Nueva York a un geisha retirada. Una vez el señor Pérez se olvidó la sombrilla en un taxi. Murió. Su enterramiento resultó imposible porque sólo quedó de él su ropa empapada en un charquito. La señora de la mano vendada recogió el líquido bermejo con una esponja y la arrojó al Canal de la Mancha. Allí se encontró con el señor Johnson, un marinero que había surcado los Mares del Sur. Ahora estaba retirado. El señor Johnson, que había cruzado los Mares del Sur, suplía su calvicie con largas barbas donde se aposentaban numerosas llaves exiliadas de países varios. Las llaves eran de diversos materiales: mármol, madera, espuma, cristal, etecé. El señor Johnson, el marinero tenía un bonito juego de té que él mismo había creado con erizos de mar. La señora de la mano vendada tomó té verde con el señor Johnson. En aquel preciso momento, trescientos sesenta y cinco jarrones de porcelana china se precipitaron voluntariamente desde sus vitrinas en París. Aunque el té estaba algo caliente, la señora de la mano vendada decidió que se quedaría allí una larga temporada.

                                 Ana Mª Cuervo de los Santos

                                    


 Pintura de Iván Fernández-Dávila



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Grabado principios del siglo XVIII


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