lunes, 29 de abril de 2013

AL INSTANTE. Primera Acción. Sesión fotográfica y literaria.






METOLCUATRO

4 de mayo 2013
21:00 horas

Al Instante

Las polaroids de
Andy Warhol y Helmut Newton
(Proyección fotográfica
por José Mª Ponce)
+
Lectura  literaria

+
Primera Acción Al Instante
(Sesión fotográfica:
Retrato y Desretrato)



   Metolcuatro, en colaboración con el Laboratorio de Fantasmas, va a acometer el proyecto fotográfico, y también literario, de Al Instante.

  Para ello en diversas acciones iremos haciendo fotos al instante, ya sea con Polaroid y Fuji Instant, como en esta primera sesión del 4 de mayo en Metolcuatro. En otras acciones, acometeremos una Romería Instantánea por calles, plazas, esquinas y bares de Madrid, o de otras poblaciones de España. O pasar un día en la montaña o la playa retratando el Instante. O utilizar impresoras digitales portátiles. O hacer instantáneas con aquellas cámaras de madera del fotógrafo callejero antiguo. Todo vale, con tal de que se vea, se toque y hasta se huela la foto.





Fotografía: Rafa Montesinos
Antiguas Kodak Instant











   Mientras la imagen fotográfica no descanse sobre el soporte conveniente, ya sea papel, cartón, plástico, madera, metal o piedra, no vivirá como tal entre nosotros, en nuestro instante. Hasta que la imagen no escape de la cárcel de las pantallas, será lo que sea pero no gozaremos del instante: ver, tocar y hasta oler.



En esta sesión, tendremos en primer lugar a un experto en la inmaterial materia del instante, José María Ponce, que comentará la proyección de las polaroids de dos maestros del instante: Andy Warhol y Helmut Newton.

    Lectura de textos sobre el instante a cargo de nuestros habituales literatos/as en Metolcuatro.





Fotografía: Andy Warhol
Polaroid






Fotografía: Andy Warhol
Polaroid






Fotografía: Andy Warhol
Polaroid






Fotografía: Helmut Newton
Polaroid







Fotografía: Helmut Newton
Polaroid







Fotografía: Helmut Newton
Polaroid







Fotografía: Rafa Montesinos
Antiguas Kodak Instant





    Y para finalizar, la primera acción de Al Instante: “Retratos y Desretratos”, que se realizará por competentes fotógrafos/as gracias al modelaje de algunos/as de los/las presentes en la sala.

    Así que ya sabes, te esperamos Al Instante.




lunes, 8 de abril de 2013

Fotógrafos de Ahora: "Antonio Alay o Del barro, el rock and roll y la defensa de la propia obra".










Fotógrafos de Ahora

Antonio Alay
o
Del barro, el rock and roll
 y la defensa de propia obra







    Conocí en persona a Antonio Alay hace pocas semanas. Nos había convocado el foto-tabernero Miguel Pérez Pardo para ser miembros del jurado del II Premio de Fotografía de Tapas y Fotos, jurando del que también formaban parte Luis Baylón y Pierre-Yves Marzin.

   Antonio Alay me pareció persona abierta y de objetivo mental-visual tranquilo pero alerta. De cara amable, mira o enfoca con querencia al tres cuartos, esboza una casi sonrisa, tiene opiniones de optimista pesimista o viceversa o vaya usted a saber cuál es el orden.

   Antonio Alay es fiel a ser rockero cuero negro, a llevar como ramo floral su casco motero de hormiga atómica, bien hermosa ella, pues Antonio es tirando a grandecito.

  Hace unas semanas, cuando le conocí personalmente, salió a la calle a charlar  -porque charlar le gusta un rato-, a fumarse un cigarrillo y, de paso, a echarle un ojo a la moto. Se quejaba de la desordenada montonera de pelo que le crecía en la parte superior del cráneo y que, por eso, se había encasquetado una gorrilla con visera; vamos, para disimular, pues Antonio es de natural estético presumido de su empaque, que todo es una foto, empezando por la imagen del propio fotógrafo.
















   Total,  que me pareció un buen tipo, presto al intercambio de ideas, fotográficas y de las otras. Un buen tipo, incluso después de haberle publicado ayer mismo un primer artículo, del que no quedó nada conforme, y que ahora cambio por éste, que sólo tiene siete fotos, entregadas por el propio autor, no veintisiete fotobirrias como en el anterior artículo, sacadas de la cloaca de Internet, de desigual calidad y sin indicación de autoría. Qué razón tienes, Antonio.

    Sin embargo, agregaré dos de bonus; es decir, unas fotos sin importancia que le calcé el pasado jueves cabalgando moto propia, junto al fotógrafo y amigo suyo Jorge Ontalba. (Véase al final de este artículo).

    De Antonio Alay recordaba aquella serie de retratos femeninos, al barro y de cintura para arriba, que aparecieron publicados en la revista Foto en abril de 1994. Casi dos décadas; toma ya. En nuestra conversación a las puertas de Tapas y Fotos, le recordé aquel trabajo suyo de juventud, que me pareció y me parece bastante interesante y con un adecuado toque de fetichismo, no sólo por el barro y la técnica fotográfica, sino porque aquellas fotos respiraban, olían, abultaban, eran más que visuales. Y la modelo, también.

















   En apariencia, aquel Aley no guarda semejanza con el de nuestros días. Actualmente, estilizado, colorista a veces, vintagero depurado, señorito rock and roll. Qué va, es otro y es el mismo, pues le gusta a rabiar vivir el blanco y negro detrás de la Rolleiflex o Hasselblad. Que digo señorito; no, no. Señor fotógrafo, como antiguamente.

    Aquellas fotos publicadas en el 94 poseían un encuadre sin aire, agobiante, una estética que por entonces se permitía la fotografía de moda. Es decir, que Antonio no se cortaba un pelo en cortarle parte del cráneo a la modelo, fotográficamente hablando. La verdad es que hoy el común de la foto de moda está de lo más aburrido, por reiterativo, por posado y reposado, y por dar imágenes de seres más tiesos que momia o sarcófago de ella.

    Antonio Alay siempre ha estado muy preocupado por la iluminación, cuestión que en estudio domina con gallarda profesionalidad. Últimamente, no se le ve muy propenso al claroscuro. Pero tranquilos, que en cualquier momento nos sorprende y nos regala, incluso, fotos a lo Caravaggio.


     El retrato de estudio que practica Antonio, en color o en blanco y negro, según muestra su blog, sigue siendo de la misma índole, pero sin barro, sin el fetichismo explícito de hace dos décadas, pero con fetichismo contenido, perversamente pudoroso. Véase:

    Lo demás, igualito que el 94. Mirada profunda de él o ella. Fondo de tela, de pared gris o de acolchonado súper-sofá, todos ellos en diferentes saturaciones. Corte en busto como busto de bronce sobre columna de piedra, aunque en sus actuales retratos ya no se permita el lujo de cortar el cráneo, como antaño.

    Pero en color, la imagen se vuelve más libre, más cálida, móvil, hasta documentalista con algo de foto-gamberra, pero sin pasarse, que Antonio es caballero-fotógrafo de moto rugidora, que no atronadora.










Autorretrato








   Si bien a Antonio Alay se le ha considerado fotógrafo de estudio, hay en su página web una clara tendencia a lo íntimo, al documento, a la foto que nos encuentra a la vuelta de la esquina:



    Si queréis saber más de su obra, opiniones e ilusiones, es del todo recomendable, repito, también visitar:
























    ¿Qué más voy a contarles que no cuenten las fotos de Antonio Alay? Culturalmente, es un rockanrolero . Humanamente, un curioso preparado para el disparo fotográfico.

    Ahora está a la espera de un libro, pues a Antonio le gustan mucho los libros y escribir en los libros. Pero esta es otra cuestión. Disfruten de sus fotos, viajarán al pasado con aroma del presente.



      Y las dos fotos de bonus, acometidas por el que esto escribe, en las que se ve a  Antonio Alay aparcando convenientemente su moto bajo la mirada atenta de Jorge Ontalba, colega fotográfico y amigo. 4 de abril de 2013.























sábado, 30 de marzo de 2013

Prosas rabiosas. "Voces sin estadística"





Prosas rabiosas


Voces sin estadística






FotoPiedra: Rafa  Montesinos












1
   Soy una chica oficialmente alegre. La que sonríe y tiene soluciones para casi todos, la que tiene terror al terror del orden. Y creo que las paredes de mi vida se están agrietando.

   No he dejado de sonreír y no tengo conciencia del ser y hago lo que me da la gana. ¿Qué se habían creído, que suelto este rollo para dar pena?







Foto:  Rafa  Montesinos












2
Qué rápido viajan las noticias. Antes  había un burro, una paloma o un barco que las llevaban.
   Qué fugaces viajan las noticias. No parecen noticias. Ya no son cosa del pasado. Hoy no tienen futuro. Sólo un presente pequeñito flotando en una pantalla. Llegan para morir sin recuerdo.
   Las mismas guerras, los mismos muertos. Como si sólo hubiera treinta cadáveres para representar la masacre, como si hubiera que pedir permiso para morir una y otra vez.
    La misma final de fútbol. Idénticas Olimpiadas. Igual récord. La misma mentira repetida.
   Qué aburridas viajan las noticias. Podrían contarnos algo nuevo, casi tan  nuevo como la curiosidad de un niño.





Foto:  Rafa  Montesinos












3
   Mi pasaporte dice que soy español. Mi vecino dice que no es catalán. En la tienda de la esquina vive una familia de chinos. En los pasillos del Metro suele haber tres senegaleses. Uno vende bolsos y cinturones; otro, muñecos de peluche y guantes; y el más triste, películas pirateadas. Mi mujer ya no quiere hacer pilates, quiere aprender inglés y dos semanas en Nueva York. Mi hijo mayor tiene que hablar alemán y trabajar en Alemania. Creo que hay demasiadas banderas, pero mi asco no tiene nacionalidad.




Foto:  Rafa  Montesinos











4
Cuando no sea un niño sino un zombi de provecho… Mejor lo dejamos. Lo pienso y me da miedo y hoy no hay nadie en casa.




Foto:  Rafa  Montesinos












5
   ¿Equivocado? Es imposible. Vayamos despacio. Aquí hay una casa; allí, otra; y en esta vivo yo. ¿Entonces? No, no me puedo equivocar. Es mi casa. Tengo todos los recibos.




Foto:  Rafa  Montesinos











6
   Duermo de cualquier manera, como en cualquier bar, pienso sin importarme lo que pienso, amo sin amar y sólo fumo cigarrillos de una marca y no voy a decir cuál es, pues sólo es mía y sólo existo en su humo.




Foto:  Rafa  Montesinos











7
   Ya no hablan los poetas ni de Dios ni con Dios. Intentan establecer comunicación con la nada, con la geología, con la injusticia, con el niño que fueron, con una mujer que pasa, con una cuenta corriente o con un hijo que no les hace ni puto caso.

   Qué pena, Dios ya no cotiza en verso, y eso que está ahí. Muerto de risa, escondido tras la cortina, mirándonos como un niño ingenuo dispuesto a la broma cruel.

   Es cierto que ahora los poetas lo llevan crudo, escribiendo como máquinas, publicando libros que ni regalados, dándole vueltas a su yo estropajoso

   Y es bien cierto que es estupendo ser poeta, como antiguamente, para sentir, ver, tocar a Dios, aunque solo sea para cagarse en él. Con perdón.




Foto:  Rafa  Montesinos











8
   Oiga, caballero, que hoy tenemos tiempo y, de pronto, no lo tenemos. Que trabajamos o robamos cuando nos dejan, mientras los listos nos sustraen el tiempo.

   Oiga, caballero, no se vaya, que aquí vienen, que nos destituyen y nos etiquetan como almas muertas. Y entonces nos damos cuenta de que vivir es el único error posible. De verdad, caballero.





Foto:  Rafa  Montesinos

















domingo, 24 de marzo de 2013

Fotógrafos de Ahora. Jerome Abramovicht o La expresión de la carne y el plástico.







Fotógrafos de Ahora

Jerome  Abramovicht
o
La expresión de la carne y el plástico




   Algunas de las fotos del canadiense Jerome Abramovicht estuvieron con nosotros en Metolcuatro durante la sesión de Breve-Mente :

   Sin embargo, su serie Mannequin, y también algo de su vida y fotos, merecen un comentario y sus correspondientes imágenes.



















 Jerome Abramovicht, que tiene treinta y seis años pero que lleva catorce dándole a la foto, rinde culto a las modificaciones corporales, no sólo en lo referido a la imagen fotográfica sino a él mismo. Quiero decir que para ir del dicho al hecho se cortó, “por curiosidad”, una falange del dedo meñique, y se insertó un clavo para atornillarse diversos artilugios. Y con el trozo de falange, se hizo un bonito colgante. Esta experimentación del propio cuerpo, le ha llevado a tatuarse, a incrustarse piercings e incluso a inyectarse soluciones de sal marina en la piel.

    Igualmente, en homenaje a las culturas primitivas, que rinden religioso culto a las modificaciones corporales, se prestó como modelo para publicaciones que tratan gráficamente esta cuestión o rito.



























   Antes de que su inquietante obra fuera conocida, Jerome Abramovicht trabajo, de 1997 a 2004, como chico de mensajes, pero no en moto, sin en bicicleta, lo que a buen seguro le ofreció una información visualmente urbana de lo más compendiosa.

   Adquirido el oportuno reconocimiento, ha podido dedicarse y vivir buenamente de la fotografía personal y, estómago obliga, también de la comercial. Y ha expuesto, con resonancia internacional, en Canadá y Japón. Ahora viaja, en plan explorador-documentador, por todo el mundo para captar todas las modificaciones que su cámara, los programas digitales de rigor, y su especial imaginación le demandan.
























   Las diferentes series de  Mannequin ilustran perfectamente, de un modo muy depurado, los que nos propone Jerome Abramovicht, que no es otra cosa que convertir al cuerpo humano en carne y cosa a la vez, en un Frankenstein de este mundo global, muy blanco y sin costuras ni sangre. Humanos-maniquíes que preludian una nueva era, en que la carne tendrá que compartir el cuerpo con inserciones de tecnología avanzada. Humanos-maniquíes amputados, que conviven con su realidad del modo más normal, pero con novísimos significados.

   Jerome Abramovicht nos hace ver nuestro futuro, que ya es presente. Somos carne y plástico. Todo ello a través de una fotografía en blanco y negro muy trabajada, en la que resalta la piel blanquísima, el contraste brutal. Una fotografía de ángeles en un infierno blanco, como desechos blancos de un hospital blanco-blanquísimo donde prevalece la amputación aséptica.































   Indudablemente Abramovicht es un excéntrico, pero también un visionario. Lo suyo no es una estúpida manipulación digital, sino la plasmación de una realidad que muchos se niegan a ver. Una mezcla perfecta entre carne y plástico, un canto a la Humanidad Frankenstein a la que nos dirigimos alegremente, una descripción de residuos humanoides que nos espera a la vuelta de la esquina del tiempo.


     Y si queréis saber más, visitar su web. Merece la pena, queridos humanos y cybors.