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lunes, 21 de mayo de 2012

FIFO LAGE. En despedida sin despedida






FIFO  LAGE
En despedida sin despedida





Fifo en la Manuela,
invierno de 1998.




      Mi teléfono móvil no dice mucho, pero hace dos días me notificó: “El funeral por mi hermano José-Fifo se celebra el lunes 28 de mayo a las 20 horas en la iglesia de Nuestra Señora de Covadonga, sita en la plaza de Manuel Becerra. Rosa”.

   Esta triste misiva llevó a mi imaginación, directamente, la imagen de un ladrilloso teléfono móvil que Fifo portaba, allá por mediados de los noventa, en una especie de cartuchera inserta en su cinturón y que le daba un aspecto de peligrosísimo pistolero de película del oeste, de importante personaje de la auténtica Movida Madrileña, que seguía tan movido y removido como si el paso del tiempo no fuera con él. Porque Fifo, amigo mío, tú eras y serás la locura que nos hace cuerdos.

   A este respecto, el pintor, escritor y flamencólogo Pepe Rubio me acaba de contar una cabal anécdota. Volvamos otra vez a mediados de los noventa. En el Café La Manuela nos reuníamos entonces, bajo pretextos culturales, Emilio Sola, Paco Almazán, Quico Rivas, Carlos Bloch, Pepe Rubio, el que esto recuerda y otros tantos acólitos propensos al disparate, a lo diferente. Estos encuentros Piratas, o de Tripulación con o si canto, los organizaba y comandaba Emilio Sola. Allí lo mismo había literatura subterránea, filosofía de bajos vuelos, conspiraciones refractarias de Quico Rivas, que te pasaban en vídeo la increíble interpretación de Fifo Lage en “¿Qué hace una chica como tú en un sitio como este?” o “Arrebato” de Iván Zulueta, o te venía una pianista para darte una de Chopin, de jazz o de zarzuela.





Fifo en Keltia,
primavera de 1997.




Fifo en Keltia,
primavera de 1997.




Fifo en Keltia,
primavera de 1997.







    En una de esas noches, Pepe Rubio se acercó a la barra a pedir una cerveza tras una cuerda y, a la vez, dislocada intervención en la tertulia. Sigilosa y ceremoniosamente, se aproximó Fifo. Le puso la mano en el hombro -¡qué manos las de Fifo!- y le dijo: “No te creas que sólo tú estas loco. Yo también lo estoy”.

   Creo que Fifo, tan urbanita, se ha ido a una isla perdida y adorable o a una montaña mágica como él. Estará viendo pasar las nubes mientras practica una misteriosa llave de artes marciales.

   Siento que Fifo se estará rencarnando en un lobo rey, en un ser protector de sus amigos, en una risa enorme que rompe los esquemas de bobos eruditos y amantes del dinero ajeno.

   Hoy las fotos que aquí figuran me traen a la memoria su gesto, su sonrisa y sus manos de mago, de tramposo honrado, simpático y amigable. Las manos de aquellos masajes en directo que realizaba en los noventa en el Café La Manuela. Aquellos dedos que, como él mismo decía, eran como pollas. Dedos como plumas mágicas que hacía desaparecer todo dolor, toda contractura. Dedos que los presentes a los masajes en directo envidiábamos, pues recorrían la textura de piel y carne de maravillosas mujeres llamadas Noraya, Fabiana o Cristina. Y ellas, tan agradecidas con su alquimista terapeuta, le devolvían una sonrisa de felicidad cuasi-orgasmática, que también era envidiada por la mayoría de los espectadores/as de aquella La Manuela.




Fifo en la Manuela,
invierno de 1998.




Fifo en la Manuela,
invierno de 1998.




Fifo en la Manuela,
invierno de 1998.





Fifo en la Manuela,
invierno de 1998.




Fifo en la Manuela,
invierno de 1998.





Fifo en la Manuela,
invierno de 1998.




Fifo en la Manuela,
invierno de 1998.




Fifo en la Manuela,
invierno de 1998.




Fifo en la Manuela,
invierno de 1998.




Fifo en la Manuela,
invierno de 1998.







   Porque seamos veraces. En esas tertulias siempre se colaba algún tipo o tipa que nos aburría con su poemilla, disertación filosófica, narración de unos hechos que a nadie interesaban o proclama de cierta revolución que nunca existió o existiría. Sin embargo, los asistentes aguantaban la insufrible perorata del aburrido/a  parrafeiro/a, pues al final  iba a llegar Fifo -humano, directo y profundo- y nos iba a convencer de que lo bueno-bueno es la vida y dejarse de pestes teóricas, que lo importante era ver como recibían paz, goce y salud tan hermosos cuerpos.

   A Fifo Lage, en su calidad de buen especimen humano, se le podían poner sus peros. Ahora bien, decir que no era un amante y defensor de la vida, jamás. Recuerdo que en una de estas absurdas y divertidas tertulias, comandadas por el insigne vaquero Emilio Sola, vino un tal Doctor Angulo, mexicano él. ¿De dónde lo sacaría Emilio? El susodicho Angulo tuvo la macabra ocurrencia de ir mostrando a la concurrencia la huella sanguínea y en negativo que, sobre las sábanas traídas directamente de una morgue de México DF, habían dejando unos muertos en violentas circunstancias. Observé el rostro de Fifo y me dio miedo. Jamás le había visto tan iracundo. Intenté pararlo, ya que se iba directamente hacia el Doctor Angulo a “darle un par de hostias”. Hubo que sujetarlo entre varios. Tenía toda la razón en lo que decía: “¿Cómo se te ocurre, Emilio, a traernos a semejante gilipollas? No todo vale; hay que respetar la vida y a los muertos”. Y el Doctor Angulo plegó sus macabras sábanas y desapareció por ángulo angulosamente oscuro de la calle de San Vicente Ferrer. Desde entonces, Fifo fue para mí más verazmente Fifo, un auténtico ángel guardián de la noche y sus monstruos idiotas.



Fifo en La Manuela,
verano de 1997.




Fifo en La Manuela,
verano de 1997.




Fifo en La Manuela,
verano de 1997.




Fifo en La Manuela,
verano de 1997.




Fifo en La Manuela,
verano de 1997.




Fifo en La Manuela,
verano de 1997.




 Fifo en La Manuela,
verano de 1997.



Fifo en La Manuela,
verano de 1997.




Fifo en La Manuela,
verano de 1997.



Fifo en La Manuela,
verano de 1997.




Fifo en La Manuela,
verano de 1997.




Fifo en La Manuela,
verano de 1997.




Fifo en La Manuela,
con mi hijo Miguel
 y Noraya durmiente.
Verano de 1997.







   Porque Fifo Lage era y será un amante de la vida y sus hermosuras. Me explico. Estaba preparando una exposición fotográfica (“Artistas y otras gentes”), que al final en mayo de 1998 acabó siendo en el Café La Manuela. Para ello, ya un año antes, citaba a mis artistas para retratarlos en el plató que en Madrid tenía alquilado en Keltia.  Y, como siempre, Fifo me sorprendió presentándose acompañado de una amiga, bella chica artísticamente tatuada. De aquella sesión salieron innumerables fotos de las que quedé bien satisfecho. Y como prueba de ello, aquí ofrezco una muestra.

   Incentivamos aquella sesión en Keltia con unas cervecitas e innumerables canutos que fueron creando una conveniente neblina. Y cuando estábamos con las últimas fotos, se abre la puerta del plató y entra una especie de encargado para recordarnos que fuéramos acabando y que allí, precisamente allí, estaba pero que muy mal que le diéramos al fumeque drogadíctico. Entonces Fifo, nuevamente ceremonioso, le dijo al encargado: “Tranquilo, qué sólo son una hierbas aromáticas”.  Y después nos fuimos a tomar unos vinos a La Venencia.







Fifo en Keltia,
primavera de 1997.




Fifo en Keltia,
primavera de 1997.



Fifo en Keltia,
primavera de 1997.




Fifo en Keltia,
primavera de 1997.



Fifo en Keltia,
primavera de 1997.








   Cuando inauguré la exposición de “Artistas y otras gentes” en La Manuela invité a los retratados, algunos de los cuales me amenizaron la velada ofreciéndonos su arte. Uno de ellos, Stuartini El Magnífico, que por aquellos años se ganaba la vida echando fuego por la boca en El Retiro y aledaños, tuvo a bien que a cambio de unas fotos nos hiciera el fin de clausura, que consistió en salir de La Manuela y  en la calle, frente al café, echar unas buenas bocanadas de fuego. Y allí estaba Fifo parando la circulación para que las llamas fueran posibles.

   Ay, Fifo, Fifo, cuánto se te echa de menos. Tú, tan locamente adorable. Tú que, según nos contaste, aprendiste a conducir piripi y que cuando el alcohol no recorría tus venas eras incapaz de dar un volantazo a derechas. Tú, que desconfiabas de los siempre sobrios. Tú, que nos hacías amanecer sin cansancio. Tú tendrás, el lunes 28 de mayo, reunidos en una iglesia a un montón de disparatados que, después del funeral, se irán a tomar unas cañas, vinos o copas para seguir bridando contigo.


                                  Fifo, te queremos.




Fifo en Keltia,
primavera de 1997.




Fotografías y texto,
RAFA   MONTESINOS
*****

















sábado, 21 de enero de 2012

Fenómenos extraños. François Hollande es Aarón García Peña, ¿O viceversa?



François Hollande
es
Aarón García Peña

¿O viceversa?


















   Qué cosas más raras hay que ver, ¡señor, señor!, en el Híperespacio de Internet o Interleches.

   Resulta que mi amigo el poeta Aarón García Peña ha sufrido, durante unos días, una extraña suplantación de personalidad o rara metamorfosis virtual.

   Me puedo imaginar al poeta Aarón García Peña de Viaje al Parnaso o a isla caribeña. O tal vez dando forma a ese verso definitivo que nos conectará con Dios, Hombres, Demonio o Carne. Quizás ante un libro o poeta que debemos conocer sin demora. Puede que viviendo en conversación profunda, amable, distinta, con ese ser humano que tiene mucho que contarnos y al que no se le hace ni maldito caso…

   Pues no. Aarón García Peña se nos había transfigurado en François Hollande (¿o viceversa?), el actual candidato a la Presidencia de la Muy Ilustre República Francesa. Y todo por obra y desgracia de una red social muy practicada: Twitter. ¡Tócate los cataplines del alma digital!









   Habrá que clamar: “¡Milagro, milagro!, un poeta transmutado en político de altos vuelos”. Del verso hispánico a la poltrona de la República Inventora de la Guillotina, La Libertad, la Igualdad, la Fraternidad, la Moda y Variados Artilugios e Ideas Ilustradas. Qué poderío el de los poetas, ¿o el de este poeta?

   Bien, para que no quepa duda de hecho digital, aquí les mostramos una paginita twitteada que da fe de ello y ríete del milagro nazareno de los panes y los peces.

   Aarón García Peña, que no François Hollande, es conocido no sólo como poeta, sino como movilizador de mentes a través de Pan y Circo, invento muy suyo que arma y desarma en el Ateneo de Madrid. Dicha máquina consiste en que un individuo/a defiende, durante no más de veinte minutos, una idea -a veces de lo más peregrina y deliciosamente absurda- ante auditorio erudito y/o despistado y/o del todo ocioso. Tras ello, toma del frasco del coloquio, debate, palabrería varía entre el o la ponente y el susodicho auditorio.

    Cosas de gran mérito realiza y maquina Aarón García Peña. Pero de ahí a que ello le lleve  a ser carne digital de Monsieur François Hollande o aspirante a la Presidencia de la Muy Ilustre República Francesa, la verdad es que hay un trecho largo y tortuoso. O de la Poesía a la Alta Política. Aunque no sería el primer lírico que deviene en Ministro de Algo. 








   Por ello, desde Metolcuatro agradecemos la inventiva del hacker que ha ideado esta suplantación de personalidad… Y viva la Política Poética o Viceversa. Sin embargo, al fondo se escuchan las voces de los acólitos y amigos de Aarón García Peña clamando: “¡ Suplantación de personalidad… Demanda, demanda…”



Fotografías de Aarón García Peña
(no las de Twitter, sino las del Ateneo de Madrid)

MAYTE  PAÑEDA









domingo, 15 de enero de 2012

"Los Borbones en pelota". SEM. Gustavo Adolfo y Valeriano Bécquer.


Los Borbones en pelota

Valeriano Bécquer
Gustavo Adolfo Bécquer
SEM












   En el Instituto Cervantes se conserva Los Borbones en pelota, un álbum con ochenta y nueve escenas satíricas pintadas a la acuarela y que destacan por su procacidad y pornográfico tratamiento. Como se puede comprobar, numerosos personajes públicos de finales del reinado de Isabel II aparecen en posturas y actitudes poco decorosas.

   Los Borbones en pelota data de 1868-1869 y tiene como principales protagonistas a la reina Isabel II, infatigable folladora, y su Corte en continua orgía. Este panorama dislocado también fue descrito, con suma gracia literaria, por don Ramón María del Valle-Inclán en obras como Farsa y licencia de la reina castiza o La Corte de los milagros.





Pío Nono agradecido
a los dones de Isabel,
la da bula singulares
para que pueda joder.









¡Carlos, Carlos, yo lo espero
de tu hidalgo corazón,
mételo si dilación,
que ya por joder me muero!


   Lo cierto es que la autoría de Los Borbones en pelota ha sido atribuida a los hermanos Bécquer, Valeriano (1833-1870) y Gustavo Adolfo (1836-1870).

   En 1989, La Biblioteca Nacional de Madrid compró el álbum de  Los Borbones en pelota, firmado bajo el pseudódimo SEM (aunque con frecuencia aparecen otras firmas: V. SEM, V. SEMEN o SEMEN), y empleado por los hermanos Bécquer para firmar sus colaboraciones en la revista satírica Gil Blas







Sentada está en su poltrona
con chulo, cetro y corona.





                        Carlos Marfori de pie atendido por Isabel II,
                        quien a su vez recibe las gracias de su
                        confesor. Otra escena representa a sor
                        Patrocinio que está siendo masturbada por Luis
                        González Bravo, primer ministro.



   Existen en el mercado dos ediciones en castellano de Los Borbones en pelota, La del Museo Universal (1991) a cargo de Robert Pageard, Lee Fonanella y Mª Dolores Cabra, que argumentan la atribución de esta obra a los hermanos Bécquer, y la de Compañía Literaria S.L., a cargo de los mismos bequerianistas.

   Sin embargo, otros especialistas, Jesús Rubio y Joan Estruch, atribuyen la autoría de este álbum a Francisco Ortego, pintor de ideología republicana y colaborador, como los hermanos Bécquer, de la revista Gil Blas.
                                                                                          
   En las ochenta y nueve acuarelas se representa no sólo la vida lujuriosa de la Corte, sino también asuntos trágicos de la época o la censura sufrida por algunas publicaciones de aquellos años, como El Gil Blas, El Sol, El Imparcial y La Iberia.

   Como descubrió y mostró el poeta y ensayista Rafael Montesinos, los Bécquer ya habían colaborado en Los Contrastes o Álbum de la Revolución de Julio de 1854. Dicho álbum consta de 131 hojas y muestra, en dibujos a tinta o a lápiz, una visión satírica de aquella revolución, con un tono y estilo entre delicado, procaz y escatológico.   









                                   Carlos Marfori, de pie y con una copa de vino
                                    en la mano, observa a Isabel II sentada y con
                                    una pierna sobre uno de los brazos del sillón.
                                   Sor Patrocinio, en la mesa, está siendo requerida
                                   por González Bravo, a quien reclama Francisco de Asis.
                                   El padre Claret sodomiza al rey y una pareja de perritos
                                   emulan a sus amos formando parte de la fiesta.






                    Por probar de todo…
                   de tirarse de un pollino
                   encontró modo.





              El rey consorte,
              primer pajillero de la Corte.



Sin embargo, en Los Borbones en pelota la autoría de los hermanos Bécquer es la que goza actualmente de mayor aceptación, aunque aparentemente no cuadre bien con esa imagen de poeta romanticón que se le ha calzado al pobre de Gustavo Adolfo que, por otra parte, es el padre del intimismo poético español. De Bécquer a Juan Ramón y Antonio Machado, pasando por Alberti y Cernuda, hasta llegar a la lírica actual en nuestro idioma.

   Sea como fuere, he aquí un excelente ejemplo de algo muy extendido en la segunda mitad del siglo XIX: los álbumes eróticos-pornográficos, que circularon por la España y la Europa finiseculares antes de que la fotografía se hiciera con el mercado. A este respecto, recomendamos la lectura de Apuntes para la historia de la ilustración erótica y pornográfica en la España del siglo XIX, de Albert Doménech, en artículo registrado el 31-12-2011 en www.tebeosfera.com








    Sentada está en su poltrona
    con chulo, cetro y corona.




GALERÍA  DE  PERSONAJES
de
LOS  BORBONES  EN  PELOTA

   Isabel II nació en 1830 y con dieciséis años se casó contra su voluntad con Francisco de Asís, su primo, como solían ser, y a veces son, los pactados matrimonios regios. Como buena borbona, tenía fama de amante de lo popular y de las cosas del sexo más allá de cualquier protocolo.

   Al Caballero de Asís también se le conocía como Doña Paquita o Paco Natillas, dado su gusto por lo varonil más que por lo mujeril. A pesar de dicha fama, tuvo con Isabel II nueve hijos, muchos de los cuales murieron en el parto o al poco tiempo. El pueblo siempre dudó de dicha paternidad y la atribuyó a los amantes de la reina o algún que otro voluntario en baja misión real.

   Francisco de Asís, muy piadoso él, fue el valedor del padre Claret, confesor regio, y de sor Patrocinio, mística monja cortesana que mostraba sus llagas para autentificar sus místicas visiones.























   Carlos Marfori gozó de cargos y prebendas, como ser Intendente de Palacio, Gobernador de Madrid, Ministro de Ultramar y, sobre todo, favoritísimo y amantísimo de Isabel II. Empezó de simple panadero y tenía una bien ganada fama de persona de opinión cambiante en grado sumo, pues lo mismo apoyaba a los liberales que a los carlistas, según fueran las brisas políticas.

   Otro personaje de esta zarzuela sicalíptica es Luis González Bravo, primer ministro del Gobierno de España durante cinco mes en 1868. Curiosamente apoyó económicamente a Gustavo Adolfo Bécquer. Tanto es así que se sospecha que el primer manuscrito de las Rimas desapareció en el saqueo y quema de una de las casas madrileñas de González Bravo, pues éste tenía pensado publicarlo a su costa o la del erario público. Algunos bequerianistas sospechan que dicho manuscrito aún se conserva y que anda escondido en “oscuro rincón”, como le acaeció, durante más de un siglo, al álbum de Los Borbones en pelota.

   También aparecen representados a la acuarela, en poses y actitudes poco favorecedoras, insignes personajes de la época. Léase: La Infanta Isabel y el futuro Alfonso XII, Napoleón III, Carlos VII, Margarita de Parma, prelados, curas, novicias, etc.

   Esto sucedió hace casi siglo y medio con los Borbones. Ahora tenemos otros acontecimientos, aunque no tan diferentes.